viernes 30 de octubre de 2009

Anoche

Imagen de la película “The Boat That Rocked”



Anoche, como cada noche desde que vivimos juntos, me preparaste la cena. Y anoche, como cada noche desde que vivimos juntos, te di las gracias por prepararla. Nos sentamos en el sofá, en la mesita pequeña, y me dijiste, ¿qué te parece si vemos una peli?. Todavía era temprano. Habíamos estado echando unas risas mientras “Seria” nos hacía fotos con las camisetas para el catálogo de “Bienquedao”, (todo sea por los amigos), y aún nos quedamos un rato en el estudio echando unas latas de cerveza compradas en el chino de la esquina, con ellos y con el chico de San Marino. Pero nos portamos bien y volvimos pronto, que hoy era día de escuela.

Acurrucados en el sofá después de cenar, en forma de L, mi cabeza sobre tu barriga y tu mano jugando en mi pelo y en mi hombro, vimos
“The Boat That Rocked”. Todas nuestras canciones sonaron, y cuando nos arropamos el uno al otro bajo las frías sábanas, tras calentarnos piel contra piel, en abrazo de cuerpo entero, ciñéndonos el uno al otro por completo, estuve escribiéndote una carta de amor, soñando despierta, y recordando cuando nos conocimos.

¿Cuánto hace ya? Va para dieciséis años. Segundo año de Universidad. ¿Te acuerdas?. Sábado por la noche. Yo iba con “La fantástica” y vosotros celebrabais un cumpleaños en la planta baja del bar. Ella os conocía del instituto, y quiso bajar a saludar. Me dejó colgada en las escaleras, y tras no escuchar la magistral clase de billar sin billar que me dio “El Patillas”, porque yo sólo podía pensar “joder que tío más bueno”, me dijo: te voy a presentar a un amigo que seguro que te cae bien, porque sois los dos igual de raritos. Y entonces apareces tú... con tu melena larga, negra negrísima, tu camiseta de los Stones, y ese magnifico culo enfundado en unos vaqueros ajustados. El ruido de tus botas de Cow boy, que todavía te pones de vez en cuando, te precedía. “La leche, ese está más bueno todavía”, me dije. Y tú, me miraste de arriba abajo y te gustaron mis dos coletas. Nos pusimos a hablar, de libros y de música, y a las dos horas “La Fantástica” me dijo que se largaba, que se estaba aburriendo, y yo le contesté que me quedaba. “Están haciendo apuestas de a ver si os enrolláis o no”. “Pues va a ser que ya nos hemos dado el lote hace rato”. Jajajajajajajajajajaja. Estuvimos toda la noche juntos, y quedamos al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente, ...

Anoche, recordando, tuve la certeza de lo afortunada que soy, porque te tengo en mi cama y en mi vida. Porque me haces reír todos los días, y piensas que soy la más bonita. Porque me dejas ser yo, y respetas mi espacio. Porque hasta te gusto cuando me cabreo. Porque todavía se nos va la pinza y nos emborrachamos juntos cabeceando al ritmo del Rock, vamos juntos a los conciertos y al cine, y leemos juntos antes de acostarnos.

Soy afortunada, porque no te andas con ñoñerías ni sentimentalismos estúpidos, porque me coges fuerte y me besas como si acabáramos de conocernos, y porque nunca dices una sola palabra de más ni de menos. Porque celebras todos los días estar conmigo, y todas las mañanas me das un beso, me haces remolonear un rato, y te levantas a despedirme a pesar de ser muy temprano para tí.

Soy afortunada de estar enamorada de ti, y que tú lo estés de mí.

miércoles 28 de octubre de 2009

Feliz

Ilustración de Alvaro Reja

Serena me ofrezco al sosiego después de tanta actividad. Ahora es tiempo de disfrutar y disfrutarme. Una vez amortiguada la excitación, puedo dejarme llevar por la calma y dejarme seducir por ella.

Han sido unos días llenos, plenos, intensos. Buenos días, tras los que me queda el buen sabor de las cosas bien hechas, y grabado en la piel el gusto de los abrazos. Ahora adoptaré forma de ovillo y me recogeré a procesar, aunque no por mucho tiempo, las imágenes, los olores, las voces, las miradas, las conversaciones, los besos, ...

Han sido seis días a los que no se puede poner precio. Impagables. Soberbios en todos los sentidos.

Ceñiré estos recuerdos, de los que mis queridos amigos y mi gran amor son los protagonistas, con una diáfana cinta, en el lugar más privilegiado del desván. Pero antes saborearé nuevamente los momentos, que a pesar del cansancio que se iba acumulando, no consiguieron apagar mis vehementes ganas de absorberlo todo y de deleitarme con todo y con todos.

Desde el viernes. Robándole horas al sueño para dibujar realidades. Desde el viernes bien acompañada. Y yo de acompañante. Me tengo que comer las ganas de escribir sus nombres, pero nunca escribo los nombres.

Me siento tan feliz... Porque soy capaz de reír, y soy capaz de hacer reír. Porque me quieren aquellos a quienes quiero. Porque tengo el amor que me ofrecen en la mano, y me lo voy a llevar al pecho.

Os dedico mi perenne sonrisa a vosotros. A los que cantabais en el coche, a los que amenizasteis las comidas, a los que llenasteis de dibujos la noche, a los que me escuchasteis, a los que me contasteis vuestras cosas, a los que bailasteis conmigo, a los que me traíais las copas, a los que no dejasteis que se apagara mi risa, a los que poníais la música, a los que me abristeis las puertas, a los que quisisteis entrar por las que yo abrí, ... Gracias chicos.

Ahora, necesito descansar.

Dedicado a todos los malavideros y no malavideros que disfrutaron del proceso de creación del mural del bar Serjos en Monzón.

viernes 23 de octubre de 2009

Es oficial: Bloggers con voz

Logo diseñado por XCar

En cada palabra que escribimos, cada frase que construímos, cada imagen que dibujamos, y cada cita que compartimos, dejamos algo de nosotros. Todos los cuentos, cada verso de los poemas, un punto y seguido puesto aquí y no allí, les dicen a quienes nos leen un poquito de como somos. Por mucho que inventemos, o copiemos, un pedazo de otra vida, siempre estamos compartiéndonos.

¿Los motivos? Los hay de todos los colores y sabores. En la blogosfera podemos encontrar siempre un plato a nuestro gusto, un sillón colocado en el rincón perfecto, el jardín de nuestras flores favoritas, ese amor que nos hace llorar o suspirar, o el desamor que nos hierve la sangre, la lujuria, el miedo, la paz, las sonrisas, el consuelo, ... Nos leemos, nos comentamos, y nos vamos conociendo. Y ahora, Duschgel y Esencial, os proponen que nos escuchemos.

Escuchémonos jugando.
¿El nombre del juego?: Bloggers con voz.
¿El propósito del juego?: Divertirnos.

¿Cómo jugar?
Bases:


1- Debéis grabar un texto de tipo erótico, pero el tono puede ser cualquiera: cómico, literario, verde intenso... ¡lo que os dé la gana!

2- En esta ronda es IMPRESCINDIBLE que los hombres lean el papel o el punto de vista de una mujer y las mujeres, el de un hombre. ¡A trasvestirse se ha dicho! (Tenéis suerte de que no pidamos fotos ni vídeos de vosotros mismos disfrazados, así que no os quejéis.)

3-El texto puede ser propio (escrito por vosotros) o ajeno.

4- Pongamos una duración máxima de grabación de 4 ó 5 minutos. Por poner algo.

5- Y pongamos también que sea en formato mp3. Si no os es posible, ya trataremos de convertirlo.

6-Tenéis tiempo de entregarnos las grabaciones hasta el 15 de noviembre al correo de Esencial (esencialsiempre@gmail.com) o de Duschgel (gel-de-ducha@hotmail.com). Y si las enviáis a ambas direcciones, mejor que mejor. También podéis subirlas vosotros mismos a goear.com, con lo cual necesitaremos sólo el enlace.

7- En los días siguientes a la recepción de las grabaciones, nosotras dos haremos un post (que cada una publicará en su casa) con todas ellas. Así nos evitamos el efecto "cuentagotas" y será mucho mejor poder escuchar todas las grabaciones el mismo día.

8- Si no sabéis qué programa de grabación utilizar, éste es recomendable y gratuito: Audacity (http://audacity.sourceforge.net/?lang=es)

miércoles 21 de octubre de 2009

Nostalgia


Naúfraga mirada hundes frustrada en el horizonte de mi imagen, y fracasa en el intento de redibujar mis contornos. Vieja foto en blanco y negro en tus recuerdos. Retrato desvaído, impreciso y borroso, por efecto del tiempo y la distancia.

Océanos de dudas. Vacilas, desconfías, e indeciso y apesadumbrado, te sientes por la soledad y la pena sepultado. Te ahoga el aire que existe entre tus recuerdos y el pasado.

Secretos secuestrados a voces. Buscas la señal que te insinúe el camino. Con aplomo continuas enterrando esa mirada que parece perdida tras las olas del presente. Silencios, sueños, suspiros, ... pero tú lo que persigues son mis senos, y nuestro sexo.

Tramposo talismán que te atrapa en las tinieblas y enturbia tu perenne deseo de tenerme, a pesar de lo efímero de nuestro lejano encuentro. Ambicionas mis aromas, y amaneces envuelto entre narcisos y almizcles.

Alas te regala tu apetito de mí. Ansiedad como trampolín para insinuar la claridad. Rescatas del baúl la huidiza acuarela que coloree la memoria, adormeciendo la aflicción para saborear el almíbar de la luz que conquistas poco a poco.

Lamento en tus labios que llamean tras las lágrimas de la certeza de que sólo es una vaga alusión a mí. No te basta con amasar una imagen en la artesa, pues pretendes tocarme. Necesitas mi tibieza.

Garabato inicial de la página en blanco es tu melancolía, que amenaza con sus nubes los olores que persigues.

Impotente ante la garra del desconsuelo que ha germinado invitado por la desazón, zozobras decepcionado entre sol y sombra, entre razón y delirio.

Añoras
mi cuerpo desnudo junto al tuyo al amanecer. Eso es lo que te pasa.

viernes 16 de octubre de 2009

Inclemente


Ilustración de Álvaro Reja
Vicioso enredas mi pelo entre lilas y naranjas, anudando trenzas imposibles.

Implacable azotas ásperamente mi rostro, cruel e inconmovible ante las lágrimas de mis enrojecidos ojos.

Entrometido hurgas glacialmente bajo mi falda, escuchas tras mi camisa y hueles mi aliento.

Nómadas verdes trastocas en ocres, y quiebras las ramas que no las almas.

Traidor, que haces tartamudear mis ganas ante tu gélida severidad,
obstinado en privarme de mi nocturno paseo.

miércoles 7 de octubre de 2009

En el acantilado


Las sábanas no conseguían esconderla de la brisa que se colaba por la ventana rota, y el sueño salió huyendo tras el olor a salitre que no encontraba en su piel.

Decidió perseguirlo y fue al acantilado en su busca. El rugido nocturno del mar la zarandeaba con fuerza, aparcando en su garganta, junto a la saliva que no podía tragar debido a la mezcla de miedo y fascinación. Las únicas luces, eran el reflejo de la luna en la espuma de las olas al chocar contra las rocas, y la lámpara del viejo faro.
Insensata, pensó. Puedes caerte y no debe ser una muerte agradable. ¿Cuántas veces rebotarías en los salientes antes de morir? ¿O quizás llegarías con algún soplo de vida al agua?
Sin embargo no se movió. Había venido en busca del sueño y no se iría hasta encontrarlo o que él la encontrara a ella.

Se sentó justo en el borde, con los pies colgando, dejándose mecer y acariciar por el aire que subía en remolinos, húmedo y lascivo. Estaba esperando la calma, buscando frenar los latidos de su corazón. Quería dejar de sentir miedo y vértigo antes de que el salitre se posara sobre ella lo suficiente como para volver a hacerla deseable para el sueño.

Se recostó en la blanda hierba y cerró los ojos. Su camisón bailaba, subía y bajaba, se enroscaba y se elevaba, dejando su cuerpo a merced de los juegos del viento y del agua que la salpicaba.

Poco a poco, a pesar del frío, una tibia calidez la iba invadiendo, haciendo que su corazón se acelerara en vez de frenarse. Sentía el deseo crecer dentro de ella. Un deseo sin rostro, sin manos ni nombre. Un deseo sin forma.

Y allí, casi desnuda en el borde de una larga caída, abrió las piernas y dejó que la noche, el mar y la brisa la poseyeran.

Hasta que el sueño, amante celoso, la llevó en brazos hasta su cama.

martes 29 de septiembre de 2009



Toda la rabia del mundo, contra el mundo, en tu pecho y en el mío. Hace tres años tan solo. Casi toda una vida para tí.

Estábamos al borde del agua. Frente a nosotros, Raimundo desgarraba los sentidos a través de la guitarra, y yo, medio borracha de cerveza, medio borracha de música, y medio borracha de tenerte tan cerca, no podía dejar de sentirme la persona más afortunada de todas las que había en el concierto. Habíamos pasado la tarde juntas, entre risas y tus dibujos, y aún seguías conmigo, sonriendo, feliz. La fuerza del cariño. La fuerza de nuestro cariño, que algunos tuvieron la osadía de subestimar.

Los vasos vacíos y los riñones a punto de estallar. Fuimos juntas al baño y a la barra. Mientras esperábamos que nos sirvieran, me soltaste de pronto: perdóname por haberte odiado durante estos tres años. Me temblaron las piernas, y el corazón se recuperó de pronto, cerrándose la herida sin dejar cicatriz. Nos abrazamos, y nos dijimos lo que no nos habían dejado decirnos. No pude evitar revivir aquellos momentos en mi casa, la última vez que te ví, mientras te reducían a nada sin yo poder hacer nada. Defraudadas, engañadas, utilizadas y manipuladas. Por nuestro bien. Por tu bien. Me río ahora del bien. El bien ¿de quién?.

Tú lo entendiste todo cuando saliste del pozo al que te empujaron, y yo lo sabía todo, pero no podía explicártelo, porque no me dejaban llegar a tí. Me estiré y me estiré, cada día y cada noche, con cada pensamiento, con cada lágrima, extendiendo mis manos y mis brazos en todas direcciones, pero no conseguía alcanzarte. Dolor en los nudillos de tirar muros a puñetazos, y dolor en el alma por la certeza de ese odio que sabía que sentías, pero sobre todo dolor por tu dolor, dolor conocido, porque, ¡nos parecemos tanto!.

Lo importante pequeña, es que ahora sabemos, que tan solo tú y yo podemos romper la cuerda que nos ha unido. Ni siquiera anulando tu voluntad, porque era lo mejor para tí, ni llenando tu cabeza de mentiras, porque era lo mejor para tí, consiguieron debilitarla. Ni siquiera el odio lo consiguió.

La rabia ha desaparecido. Tanto la tuya, como la mía.

No han podido con nosotras pequeña.

jueves 24 de septiembre de 2009

El jardín


Poco a poco y con paciencia, siguiendo el ritmo de su decrépito cuerpo, se sienta en la hamaca de la entrada, a tomar el fresco mirando al jardín. Cada movimiento es todo un suplicio, y eso la frustra. Hace tiempo que no se reconoce frente al espejo, pero le dan igual las arrugas, y la carne gravitando. Los insomnios y la falta de fuerzas son los que le provocan angustia. Y la soledad. En esta enorme casa-tumba, tan vieja como ella, con el polvo y los recuerdos campando a sus anchas, la soledad la está volviendo miedosa. Y el miedo a estas alturas es un auténtico tormento. La martiriza la imagen de su cuerpo muerto pudriéndose, pues tiene la absoluta certeza de que morirá sola. Todos la han abandonado, y ya no tiene lágrimas para llorar a sus muertos.

Mira la greca de su falda garza. Tan garza como los ojos que está esperando volver a ver pronto. Nunca ha sido de ir a la iglesia, y lo que digan los curas por un oído le entra y por otro le sale, pero sabe leer, y aunque ahora no puede, ha leído la biblia una y mil veces, y sabe que él la estará esperando allá arriba. Ya hace un año y un mes. Ya falta menos. Lo siente.

Querían que se casara con el hijo del de la ferretería. Tenía más dinero que su jardinero, pero nunca se dejó engañar por sus garambainas. Sabía que andaba metido en gatuperios. Y contra todo pronóstico, consiguió salirse con la suya.

Deja vagar la nublada vista por el jardín que plantó para ella. Siempre había estado cuidado, pero sólo queda ya un árbol con algo de vida. Apenas tiene hojas.

Se levanta con pena, y no sin esfuerzo lleva una silla hasta él. "Vengo a morir contigo viejo amigo. Nos haremos compañía mientras llega nuestra hora".

Está anocheciendo. Refresca. Pero no entra dentro a coger manta ni chaqueta. Se quedá allí, con una mano apoyada en el tronco y la mirada perdida, pero serena.

Al amanecer, la última hoja del árbol ha caído.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Juguemos...

¡Feliz desorientación!
Me hago la despistada ante tus torpes mentiras, pues lo que realmente pretendes es timarme el corazón. Y me dejo enredar en tu fingida estafa, en esta falsa burla que me encandila.

Te equivocas si piensas que un fraude puedes aparentar, pues no hay nada falso en tu fascinación cuando me miras.

Por eso yo, gatunamente, chasqueo el lío que has montado, y lo dirijo a un juego más adulto, engatusándote.

Embáucame si puedes.

Seducida ya me tienes.

martes 22 de septiembre de 2009

Nueve minutos

Al amanecer le he robado nueve minutos a la rutina bajo las sábanas.

Me he despertado unos segundos antes de que sonara el despertador. Todo estaba en silencio, y las últimas imágenes del sueño empezaban a deshilvanarse. Sin moverme ni abrir los ojos he sacado la punta de los dedos fuera. Frío. Qué gusto, porque así da más gustito estar dentro, con el calor de tu cuerpo a mi espalda, tu aliento en mi piel, y tu olor... mmmmmmm

He disfrutado esos pocos segundos como si fueran días, al refugio de todo, tapada hasta las orejas y pegadita a ti, cuidada por tu presencia. He sentido que se me escapaban al escuchar el despertador, pero entonces te has movido buscándome, mientras me estiraba para apagarlo.

Ronroneando has puesto tu mano en mi vientre, y has ajustado tu cuerpo al mío buscando el hueco de cada curva. Dormido aún, has besado mi espalda y me has hecho regresar. Abrazados, enlazados, mezclados, .. durante nueve minutos que ojalá hubiera podido atrapar y hacer eternos. Pero los he dejado ir para volver a desearlos, y ahora tengo la sensación grabada, y el recuerdo me hace revivirlos mientras escribo esto.

Has regresado a tu sueño tranquilo, y yo te he dejado durmiendo, desnudo, bajo mis sábanas. No se si merezco la suerte de que compartas tus noches conmigo. Esos nueve minutos ya me han llenado el día.